LA ESPADA DE TYR
Según las antiguas leyendas, la espada del dios de la guerra, que había sido fabricada por los mismos enanos, hijos de Ivald, que habían forjado la lanza de Odín. Era considerada muy sagrada por su gente, a cuyo cuidado él había confiado, declarando que aquellos que la poseyeran tendrían la victoria segura sobre sus enemigos.
Pero aunque era cuidadosamente guardada en el templo, donde colgaba de forma que reflejara los primeros rayos del Sol matinal, desapareció misteriosamente una noche. Una vala, druida femenina o profetisa, consultada por los sacerdotes, reveló que las Nornas habían decretado que quienquiera que la empuñara conquistaría el mundo y moriría por él; pero, a pesar de todos los ruegos, ella rehusó contarles quién se la había llevado o dónde podría ser encontrada.
Tyr, cuyo nombre era sinónimo de valentía y sabiduría, también tenía, según los antiguos nórdicos, a sus órdenes a las blancas valkirias, las asistentes de Odín y creían también que era él quien decidía qué guerreros deberían transportar ellas hasta el Valhalla, para ayudar a los dioses en el último día.